CIRUGÍA DE LA LITIASIS
¿Cuándo está indicada?
La cirugía para la litiasis renal y ureteral está indicada cuando los cálculos causan dolor, obstruyen el flujo de orina, provocan infecciones recurrentes o se quiere prevenir de futuros episodios de cólico renal intenso. Si los tratamientos expulsivos no son efectivos o si los síntomas son intensos y/o recurrentes, la cirugía puede ser la mejor opción para aliviar el dolor y prevenir complicaciones a largo plazo. La cirugía puede ayudar a mejorar tu calidad de vida y prevenir futuros episodios dolorosos.




¿Qué procedimientos hay y cómo se realizan?
La ureterorrenoscopia implica la inserción de un instrumento delgado a través de la uretra y el uréter hasta alcanzar la litiasis. Ésta se puede encontrar en el uréter o en el riñón. Una vez visualizados los cálculos, se utilizan herramientas especiales como un láser para romperlos en fragmentos más pequeños, pudiéndose extraer los fragmentos más consistentes y siendo el resto eliminados a través de la uretra con la orina.
En la nefrolitotomía percutánea, se realiza una pequeña incisión en la regió lumbar para acceder al riñón. A través de esta incisión, se introduce un instrumento especial que permite visualizar, romper y eliminar los cálculos del riñón. Una vez que se ha eliminado el cálculo, se cierra la incisión y se coloca un apósito para facilitar la recuperación.
¿Cuáles son las ventajas y los riesgos de cada una?
La ureterorrenoscopia presenta varias ventajas, como ser menos invasiva que la cirugía abierta, permitir una recuperación más rápida y tener menos riesgo de complicaciones graves. Sin embargo, puede ser complicado llegar a algunos cálculos grandes o ubicados en áreas difíciles de alcanzar, y existe un riesgo de lesiones en el tracto urinario.
La nefrolitotomía percutánea es efectiva para cálculos grandes o difíciles de alcanzar, pero es más invasiva y conlleva un mayor riesgo de complicaciones como infecciones, sangrado y daño a los órganos cercanos. Además, puede requerir un período de recuperación más prolongado que la ureterorrenoscopia.
Hay pocas contraindicaciones. Generalmente, se puede llevar a cabo en casi todos los pacientes salvo que exista infección urinaria.
Normalmente, conlleva una noche de ingreso hospitalario tras el procedimiento. La orina podrá ser hemática (con sangre) durante unos días. Se se coloca catéter doble J, se le indicará cuándo se puede retirar, normalmente a los 4-7 días.
Un catéter doble J es un dispositivo en forma de «J» utilizado para drenar la orina desde el riñón hasta la vejiga. Se coloca comúnmente después de la ureterorrenoscopia o la nefrolitotomía percutánea, para mantener el flujo de orina y prevenir la obstrucción del tracto urinario. También se coloca de forma urgente cuando existe una obstrucción urinaria, normalmente por una litiasis.
Normalmente, este procedimiento, al ser más invasivo, se indica en cálculos de gran tamaño (mayor de 2cm aprox) y no desplazados al uréter. También se puede considerar si existen múltiples litiasis.